December 2007 Archives

Pus es que allá lo disfrutan más

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Íbamos en el metro de Nueva York dirigiéndonos al hogar. Ella disfrutaba del nintendito que es novedad y es plenamente adictivo con varios cartuchitos. El trayecto subterráneo es de la W4 a la 145th, en la línea A o C, da igual. Se suben dos guaditas cualesquiera y se apean cerca de nosotros, agarrados de un tubo vertical, por un momento sus miradas se centran en el videojuego.

- Tsss... Yo ya me compré mi Pi-Es-Pi.

- Ah, sí, ¿y qué tal está? - pregunta el otro.

Mientras tanto, me doy cuenta de que la plática de los paisas se inició por ver el videojuego de ella. Me pongo en guardia.

- No pues sí está bien padrote.

- ¿Pero cuántas canciones le caben?

- Pues un chingo, yo nomás tengo como 60.  - dice entristecido uno de ellos -, pero están más chingonas las gráficas, sí está bien cabrón con los juegos.

- Yo no sé cuál comprarme.

- De todas formas, ya se lo mandé a mis carnalitos. Pus es que allá lo disfrutan más ellos que nosotros aquí.

- Cáaaaaaaaaaaaaaaaaamara - pienso - "Allá lo disfrutan más".

- Pero ya les dije que lo cuiden porque luego se los van a chingar sus amiguitos, luego los niños allá son reculeros. Y pus la neta yo quiero que mis carnales tengan lo que yo nunca tuve.

- Cáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaara - pienso.

Este simpático personaje a veces intenta llegar temprano a la oficina. Temprano es antes de las 9 de la mañana, para así no tener pretexto e irnos a las 6 de la tarde (aunque ésto último casi nunca pasa).

Uno de estos últimos días llegué a la oficina y saliendo del elevador en el piso de la oficina estaba un mai repartidor, un wadita cualquiera, con una bolsa de papel en la mano y una nota en la otra. Como era temprano, no había nadie en la recepción y al verme me abordó e intentó preguntarme dónde podía encontrar a la persona que había pedido tal orden. Sin embargo, mugió sólo unas cuantas cosas inentendibles (no creo que le haya pasado por la cabeza que hablo español) y señaló el nombre de la persona escrito en el papel. Como no conozco a muchas otras personas en la misma oficina, le dije:

- No pues aguanta ahí, igual y ahorita salen a buscarte. - Me gusta hablar en español con los mais.

No es raro que los repartidores, principalmente chinos o mexicanos o en menor medida, negros, no sepan qué chingados al llegar al piso de la oficina. Por eso, quien pide algo se va a dar sus vueltas a la recepción para ver si encuentra a un mai norteado con un paquete en las manos.

- ¡Gracias! - Se le iluminó un poco el rostro, gustoso de que alguien le indicara algo para no tener que lidiar más hablando con gente.

- God gave you the gift of talking with the delivery guys, it is awesome! - Me dijo entusiasmado un compañero de trabajo que había presenciado todo desde otro lado, un compañero que también es un mai, pero un mai en una muy diferente circunstancia.




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Historias de Nueva York

Latinos, hindús, negros, asiáticos, blancos, árabes: En Nueva York convive un enorme ecosistema de culturas y personas. Este blog simplemente cuenta algunas de las historias que tienen lugar alrededor de la cotidianidad urbana de esta Gran Manzana.

Escrito por David Moreno, mexicano y curioso.

Posible gracias a Axiombox.

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