March 2008 Archives

Niños pochos en televisión

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No hay cosa que me haga... no sé la palabra adecuada, reír quizás no lo sea, ¿divertirme? No hay cosa que me divierta más que la propaganda y publicidad para la comunidad latina de Estados Unidos. Sin lugar a dudas, somos parte de ella, pero en realidad no tanto, es divertido y triste y frustrante y emocionante.

En fin, en los canales latinos de Estados Unidos (como Galavisión), hay un spot de propaganda para que los padres de familia le hablen a sus hijos sobre sexo -de hecho no estoy del todo seguro que salga en todo Estados Unidos, pero al menos por acá en el noreste sí-. El spot es por demás divertido, conjuntando varios puntos que le dan unicidad:

  • Niños pochos, que no hablan bien español.
  • Hablar de sexo con prepúberes.
  • Apodos a éstos.
Me tomó un buen rato encontrar el video, principalmente porque lo único que recordaba del video era la temática (hablar de sexo con sus hijos) y una par de frases "siempre seré tu cachetoncito, su pedacito de cielo". Pero, a final de cuentas helo aquí.



Creo que lo que me atemoriza más es que si nos quedamos aquí, mis hijos terminen hablando así :-) Pero supongo que así es la vida del inmigrante.

Guantes

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El Subway más cercano a la oficina es un minúsculo local donde una horda de vietnamitas (o de por ahí) despachan al enorme número de oficinistas hambrientos que pululan por la zona. Hay veces que la cola de gente esperando sale del local y la gente espera su turno desde la banqueta. Hoy fuimos ahí Chris y yo.

Él pide su sándwich. Luego voy yo:

- I want a Chicken and Bacon Ranch, one-foot long on Roasted Garlic bread, please.

El maestre se pone presto a preparar mi orden. El siguiente vietnamita en turno se incorpora al frente de la línea de producción: "Next?!". Un hombre de edad adulta y pelo cano se acerca al mostrador.

- Hola -le dice en inglés-, quiero por favor un sándwich vegetariano de 6 pulgadas. -El vietnamita se dispone a preparar su orden y el hombre lo interrumpe diciéndole:- can you please change your gloves to an unused pair that haven't touched meat? Thanks.

- Chale -pienso. Mi amigo Chris me ve, evitando reír. Nos dan nuestras órdenes y pagamos. Tomamos nuestras bebidas y papas. Al salir del local, Chris dice:

- Dude, if I knew that was possible, I would have asked the guy to rub his gloves on some meat and then make my sandwich.

Reí.

Mmm... Meat-rubbed gloves -anhelé.

Jangueando

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Durante las dos primeras semanas que estuvimos aquí en Nueva York (por allá del lejano septiembre), buscamos departamento. En realidad buscar un lugar donde vivir en esta ciudad es una patada en los gemelos, porque hay cosas muy bonitas y lo que uno siempre vió en las películas clásicas de la Gran Manzana por cantidades industriales de dinero. Un departamento bonito en Manhattan puede costarte 4 ó 5 mil dólares al mes. Si tienes un presupuesto jodido de menos de 2 mil dólares, tienes que conformarte con las migajas de buscar en las zonas que igual has visto en las películas de Nueva York, pero en las películas de asaltos, tiroteos, inmigrantes ilegales y tráfico de drogas, casi-casi. La otra opción es buscar roommates, pero eso significa sacrificar parte de tu privacidad y estando en pareja es todavía más difícil y menos chido. O puedes irte hasta casa del diablo e irte a Jersey, que es como el Satélite de la Ciudad de México (los capitalinos sabrán a lo que me refiero), que pues a final de cuentas no tiene nada de malo, pero no es la ciudad-ciudad :)

Total en esas dos primeras semanas vimos varios departamentos. Un compañero de trabajo, Greg, nos comentó que su casero tenía un departamento disponible en un edificio diferente a donde él vive:

- Oh, yeah, my landlord has an apartment for rent -dijo el rubio.

Yo con mi profunda ignorancia del idioma de Eddie Murphy, le digo:

- Landlord? You mean the owner of the building?

- Yeah, they are called landlord -ahora se me hace bien pendejo preguntar ese tipo de cosas que la gente que habla inglés nativamente ha manejado toda su vida, pero yo como soy guarro, nomás le hago al cuento.

- Why are called "landlord"?

- Dude, I don't know, because they are the lords of the land? -me contesta con un pequeño dejo de fastidio.

- Ah, órale -le digo. Sí es bien babotas preguntarle a la gente por qué las cosas se llaman como se llaman, como uno queriendo imponer condiciones en un idioma hablado por miles de millones de personas. Dejé mi rebozo de bolitas a un lado, tomé a mi chancluda y nos fuimos a ver el departamento. Greg nos acompañó.

La zona era típica del lejano (de Manhattan) Brooklyn, por allá por donde vive el Abe. Y era típica de esa zona porque era precisamente esa zona, qué ingenio, ¿no?

El edifico era bonito, hasta eso y la calle parecía también bonita, aunque el camino del metro hasta ahí había sido pésima, con calles oscuras, desoladas, donde lo único que esperábamos era ser despojadas de nuestras computadoras. Afuera del edificio, en los escalones del frente, un paisano disfrutaba de una Corona de litro (no caguama, una Corona normal de litro).

Vimos el departamento. La encargada, no el casero, nos mostró el departamento, una puertorriqueña. Estaba bonito y grande, tenía como 3 o cuatro recámaras pequeñas. Quizás si no nos hubiera espantado un poco el camino desde el metro, estaríamos viviendo ahí.

- So, the landlord is asking for thirteen-hundred plus security -dice la mujer con un inglés clásico del hermoso espánglish caribeño. Como yo soy muy listillo, le empiezo a hablar en español, luego de seguir un par de consejos de mi buen y naco amigo Greg.

- Oiga, ¿y no se puede negociar el precio? -me aventuro a decir. Greg que lo único que sabe decir en la lengua de Jo-Jo-Jorge Falcón es "Cerveza-Corona, por-favor", agudiza al oído intentando entender la conversación.

- Pue' yo no sé, usté tendría que contactar al landlor' -me dice.

- Y... ¿es seguro el vecindario? -le pregunto ahora escéptico del barrio.

- Sí, usté no tiene de qué preocupalse; a vece' aquí afuela del edificio están los morenos, usté sabe, que luego son muy escandalosos y gritan, usté sabe, cómo son los morenos -me explica.

- No pos sí, me imagino.

- ¿Y ustedes de dónde son?

- De meritito México, ¡mi tierra adorada! -imagino en contestar.

- De México -le contesto.

- Ah, pues aquí en el edificio hay varios mexicanos también, luego se la pasan por aquí -me contesta como si me animara a tomar el departamento por esa razón.

- Chale, pero no sé si eso es bueno o malo -río.

- No pues eso es nolmal, aquí luego andan afuera pero nadie hace nada, nomás están jangueando -nos explica.

Nuestro amigo Greg sigue sin entender una palabra.

- Oiga, ¿y qué es eso de janguear? -le pregunto divertido con ignorancia de la buena, de esa ignorancia que te saca una sonrisa tener.

- Pue' usté sabe, janguear, que están hanging out, you know -me dice la americana caribeña.

- Cámara con la gente jangueando -nos miramos Raquel y yo.

- Bueno pus ahí le aviso cualquier cosa -le digo. Y nos fuimos.

Ensalada César

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Cerca de donde se unen el Barrio Chino, Tribeca y la Greenwich Village, alrededor de Canal St y la 6ta Avenida, se encuentra un hermoso deli (del cual ya hablé en el pasado) atestado de mexicanos elabora-sándwiches. Los tienen de varias cosas, el Marilyn Monroe, el West Village, el Cubano, y un largo etcétera. Pero además de eso, nuestros maestres compatriotas hacen otras exquisiteces como wraps, pollo empanizado, arroz y un buen etcétera.

Raquel y yo llegamos a ordenar cierto triste día de invierno nuestro almuerzo.

- Next?! Yessir? -grita uno de ellos al quedarse libre y despachar a la clientela.

- Quiúbole, mano -le digo, sabiendo que es mexicano por las cosas que se dicen entre ellos-, quiero por favor un chicken parm.

- ¿Lo quiere en roll o en hero? -pregunta.

- No pues el que es largo -le digo sin recordar exactamente la diferencia.

- Ah, pos en jiro.

Raquel espera al siguiente en ponerse libre para despachar. Se decide por fin. El maestre se desocupa.

- Next?! Next?!

- Hola -también Raquel les hablaba en español-, quiero por favor un wrap de ensalada César.

El maestre se le queda viendo con cara de perturbación y completa ignorancia.

- ¿Cómo? -le pregunta anonadado el personaje. Sus facciones son mayoritariamente indígenas, debía ser originario de Puebla o de Oaxaca.

- Un wrap de ensalada César -aclara Raquel.

El sujeto, sin habla, no sabe qué hacer, parece confundido. Raquel lo intenta nuevamente en inglés, como está en los carteles:

- ¡Un Caesar salad wrap! -dice Raquel señalando el letrero.

- ¡Ah! Un Caesar salad wrap, ¡se prepara! -Raquel y yo nos miramos confundidos aludiendo lo que pasaba.

- El mai en realidad no sabe lo que es un Caesar salad, lo conoce así pero no sabe su nombre en español -descubre Raquel-, sólo la conoce como Caesar salad.

- A güevo, en México cuándo chingados le iban a pedir o él comerse una ensalada César, nomás aquí que puro gringo se la piden en inglés- le digo.

Nos dieron nuestros almuerzos y nos fuimos juntos a seguir buscándole sentido a la vida en una ciudad que a veces pareciera que no lo tiene.

La Lupe

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Aunque ésto no pasó como una historia como tal en la Gran Manzana, es una triste y tierna historia que nos pasó a nosotros, su simpático par de anfitriones al estar tramitando la residencia temporal en Nueva York, en la embajada de la Ciudad de México.

Sus anfitriones fueron a hacer trámites de visado en la embajada. Fuimos dirigidos hacia una ventanilla específico para entrevistarnos con el cónsul. Había alguien antes que nosotros en esa misma ventanilla así que esperamos a que terminara con esa persona. En la ventanilla de al lado estaba una familia entrevistándose con el cónsul de dicha ventanilla. Ni tardos ni perezosos, nuestros agudos y chismosos oídos se concentraron en sus diálogos.

- ¿Y a qué planean ir a los Estadoud Unidous? -le pregunta el cónsul al jefe de familia, un paisano que como cualquier que se digne de ser buen mexicano estaba ataviado con pantalones vaqueros y tejana (aunque no pareciera de Texas precisamente).

- No pos queremos conocer por allá -le contesta.

- ¿Y sus hijas, qué hacen?

Una de las jovencitas se acerca a la ventanilla.

- Pos yostoy en la Normal.

- Yo voy a la Escuela Secundaria Técnica número 31, Niño Artillero -dice la otra.

El cónsul, confundido, pregunta:

- ¿Qué ser eso de «normal»?

- Ah pos es que estudio pa ser máistra.

- Cámara -pienso. El cónsul, aunque lucía un poco cansado y abatido por las respuestas, continúa:

- ¿Y tienen familiares en los Estadous Unidous?

- Sí -contesta confiado el paisano. Un momento de silencio incómodo se apodera de la conversación, como el cónsul no obtuvo respuesta más detallada preguntó:

- ¿Quién?

- Ah, pos mi cuñada, tu prima la Lupe, ¿verdad mi amor? -"Sí", contesta su esposa.

Otro silencio incómodo se apodera de la conversación.

- ¿"La Lupe"? ¿Lupe qué? -pregunta confundido y con asombro el gringo.

- Lupe... La Lupe... Lupe Reyes.

El cónsul pone una cara de desconcierto, supongo que no sabía si reír o llorar. Raquel y yo cruzamos miradas cómplices, nos sonreímos divertidos. Luego nos tocó a nosotros a pasar por el show con nuestro cónsul y le perdimos la pista a la pintoresca familia y sus diálogos.

Cuando estábamos por pagar el envío de nuestros documentos, Raquel vió cómo el cónsul les aprobaba las visas a la familia.

Tan-tán. Final feliz :)

Dying dogs

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Su simpático anfitrión meditaba sobre el futuro y los frijoles saltarines viendo el acontecer urbano desde la ventana de la oficina. En realidad no hay mucho que ver porque enfrente hay un edificio enorme de UPS y en la calle no hay mas que un mai con su carrito vendiendo halash-kalab y jugo de cangrejo, pero igual meditaba.

Dentro de las profundas meditaciones en las que el regordete personaje estaba inmiscuido, surgió una duda existencial que tuvo a bien exteriorizar a su buen amigo Chris Lee, que estaba sentado justo al lado de él:

- Socio -pésima traducción para el divertido dude-, ¿por qué chingados no hay perros en la calle? -le pregunto en inglés, con una sincera ignorancia infantil.

De verdad no hay perros, ninguno. En nuestros polvosos países latinoamericanos las calles de las ciudades están llenas de perros moribundos, focos ambulantes de infección a cuatro patas, y en ciertos casos, materia prima de las ricas tortas de pierna maquiladas afuera de las estaciones del metro que tanto le gustan a mis buenos compas, como el Wadita.

- What the hell? -me contesta extrañado. -What are you talking about?

Entonces me voy dando cuenta de mi completa ignorancia en muchas cosas de la vida. Medito unos instantes. Se me ocurre una idea. Medito otros instantes. Termino de meditar. Medito un poco más.

- Yeah dude, you know, down there in my country, sick and stinky dying dogs walk around the streets looking for food or barking asking, for the Lord's sake, to get hit by a car, for their painfully life to end.

Mi buen amigo asiático-americano me ve con una cara de terrible repugnancia, desconcierto y asombro.

- Sí -continúo en inglés-, y aquí no he visto ni un puto perro en la calle.

- Dude, that's because we have animal control.

Y de repente, todo tuvo sentido.

Como previamente he dejado asentado, de lo único que estoy seguro es de ser escéptico y porque a mí no me chamaquean tan fácil, le pregunto:

- ¿Pero eso es sólo en Nueva York o en todo Estados Unidos?

- Creo que en todos lados, hombre -me contesta con cara cariñosa de «eres un pobre tercermundista».

Mi amigo medita un poco. Yo intento volver a mis inútiles meditaciones.

- So, are you telling me that dying dogs walk all around in the streets in Mexico?

- Pretty much, dude.

- Man, that's gross.

Asiento. Meditamos un poco más, cruzamos miradas divertidas.

- Y hay un mito urbano que dicta que los finos taqueros de la calle toman esos perros y los hacen tacos con cebolla y cilantro.

- Dude, that's disgusting! -me dice con un asco tan sincero y tan real que por un momento me dió pena contar tales cosas sobre mi amado país.

Pasamos un rato pensando viendo a la nada.

- Dude, Koreans eat dogs -me dice, recordando su ascedencia-, we eat them on soups.

- Oh, my.

Are you?

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Hay un nuevo compañero de trabajo en la oficina. Es búlgaro. Tiene un marcadísimo acento ruso y rara vez ríe aunque no es tan duro como esta pequeña descripción pueda hacerlo parecer. Aparentemente es una de esas mentes maestras del este de Europa que sólo startups neoyorkinos encuentran azarosamente en las bolsas de trabajo para inmigrantes en Queens.

Estaba platicando con él sobre cómo subversion apesta, sobre cómo él sólo usa lo mejor de lo mejor, y lo mejor de lo mejor es git. Como de lo único que estoy seguro en la vida es de ser escéptico, últimamente estoy probando muchas cosas y ya no me pica tanto el alma que alguien diga que algo apesta nomás porque sí. Doy y le di el beneficio de la duda.

- Ah, órale, no pues Git sí debe estar muy chido. - le digo con mi tropezado inglés.
- Sí, no sé cómo pueden seguir usando subversion - me dice con su tropezado inglés.

Regresé a mi compu a seguir trabajando con mi pésimo subversion. En realidad nadie nos había presentado, eso pasa en empresas pequeñas como éstas que lo único que ven es dinero, cómo hacer más dinero, y gastar dinero para ser comprada lo más pronto posible.

- Excuse me - me dice - Are you Raquel? Raquel Hernández?

Chaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale. Hago una mueca, no sé si está bromeando o me está hablando en serio, frunco el ceño, sonrío, suelto una risita nerviosa. Él no. Sí hablaba en serio: En realidad creía que yo era mi chava.

- Ah, haha, she, over there, is Raquel; I'm David. - le digo entre miradas cómplices entre los otros en la oficina.

- Ah, okay, sorry - me dice serio y regresa a su compu.

¿De plano luzco como Raquel? No creo. ¿Será que en Bulgaria nadie sabe nada sobre las Raqueles? ¿O sobre Rachels? ¡¿O sobre el sentido común de confundir a un cabrón con el nombre de su mujer?!

Qué cosas.

HistoriasDeNuevaYork.com

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Pues con este post doy por inaugurado este nuevo proyecto. ¿Eh? Pues varios amigos me dijeron que les gustó mucho las pequeñas historias bobas e insulsas que escribía en mi blog personal sobre nuestras experiencias viviendo en Nueva York y que «no se las perdían» y demás piropos que a uno nomás hace que se le pongan los cachetes como ciruela, así que me dije a mí mismo, "pus vamos a hacerlo con más formita". ;)

Y así nace este pequeño blog, lleno de publicidad que espero que ustedes, mis dos lectores, cliqueen de vez en cuando para que yo pueda seguir echándome mis cervecitas importadas (Tecate) y de paso, pagar el servidor donde corre este lindo sistema de blog, que es en el que varios colaboramos, Mentes Libres.

Seguiremos reportando las historias neoyorkinas que tanto interés generan, esas historias que están ahí pero no siempre son contadas, esas historias que sólo el ojo y oído chismoso que tenemos pueden ver y oír y que sólo nosotros podemos contar. :) Esas historias de nosotros los inmigrantes en la Gran Manzana, las historias con los detalles que mucha gente aquí no le da importancia pero nosotros, latinos e hispanoparlantes sabemos que están ahí, deseosas de ser contadas, narradas.

Démosle paso, pues, al proyecto. Y gracias a quien esté al tanto de las historias, les invito a agregar el feed a su lector favorito, o a suscribirse a las notificaciones por correo electrónico con la formita que está en la barrita del costado.

Sobra decir que este proyecto es uno de muchos que planean nacer de Axiombox.

Nueve pesitos

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Llego a la bodega de la esquina de la casa a comprar cervezas. Como yo soy fino, sólo bebo importada, así que agarro un sixpack de Tecates.

- ¿Hay que apoyar la producción nacional, verdad? - me dice el fino tendero que orgullo porta una camiseta de Zacatecas.

- Ah, jaja - río nerviosamente, por compromiso. - Bueno, ¿cuánto es?

- Nueve pesitos.

- ¡Te voy a dar nueve pesitos, cabrón, y vas a llorar de haberme dicho pesitos si son putos dólares! ¡A ver si sigues diciendo pesos! - pienso.

- Y unas Halls de menta, por favor. ¿Cuánto cuestan?

- Un peso, mano.

¡Chingá! Espero malhumorado que meta las cosas en una bolsa de plástico y le doy diez dólares, las bodegas son las peores casas de cambio. El sujeto regresa con el grupo de dominicanos a ver el béisbol.



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Historias de Nueva York

Latinos, hindús, negros, asiáticos, blancos, árabes: En Nueva York convive un enorme ecosistema de culturas y personas. Este blog simplemente cuenta algunas de las historias que tienen lugar alrededor de la cotidianidad urbana de esta Gran Manzana.

Escrito por David Moreno, mexicano y curioso.

Posible gracias a Axiombox.

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