April 2008 Archives

- ¡Raza!

Estoy esperando que el semáforo cambie a verde subido en mi bicicleta en la glorieta de Central Park West (8th Ave) y la W 110 St. No presto mucha atención, alguna canción de System of a Down envuelve mis oídos.

- ¡Raza! -vuelven a gritar. Volteo. Me doy cuenta de que me hablan a mí.

Hay muchos repartidores de comida latinoamericanos. Y seguro luciré como uno de ellos: Desgarbado, con pantalones arremangados en las piernas, con una bolsa lateral (en donde llevo mi laptop y libros, mas no sopas o burritos), gordo, moreno. Me quito el audífono de la oreja derecha volteando hacia atrás y soltando en el manubrio de la bicicleta. Un tipo latino me llamaba con el apelativo «raza». Está a escasos diez metros de mí.

- ¡Tengo tarjetas de teléfono para que llames! ¡Dos mesos por diez dólares, compadre! -el tipo es una común mezcla entre dominicano y puertorriqueño. Dijo el «compadre» muy forzado.

Niego con la cabeza, ofendido un poco por haber sido llamado con gritos «raza». El semáforo cambia a verde, me pongo el audífono de nuevo en la oreja y dejo caer el peso de mi cuerpo en el pedal izquierdo para luego hacerlo en el derecho y salir de ahí para entrar en las tiernas tierras de Harlem, la tierra del pollo frito, las barberías y los salones de trenzado.

Bicicleta en Manhattan (II)

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Bueno pues luego de que me di en la madre luego de mis primeros quince minutos en bicicleta, me recuperé, me arremangué el pantalón en las piernas, me acomodé la bolsa de la laptop y ahí vamos otra vez.

Total me fui toda la 6ta Avenida. Me pasé al carril de bicicletas de un metro de ancho y que no sirve para nada porque poca gente lo respeta y a pedalearle nuevamente. Fue la sensación más cardiaca que he vivido en Nueva York, lidiar con gente en las calles, turistas, taxistas paquistaníes e indios, repartidores mexicanos y centroamericanos en bicicleta, negros en carrozas, autobuses de transporte público, todo un inmenso caos alrededor de la calle 42, que es por donde está el distrito de teatros y Times Square. Finalmente llegué a Central Park con mucho cansancio: Había recorrido aproximadamente 65 cuadras. Total que me bajé de la bicicleta y caminé una cuadra buscando una entrada al parque. Cada vez más, por cierto, sentía que el volante de la bicicleta se zafaba, como que daba vuelta de una forma poco amigable.

Entré a Central Park y encontré el circuito que le da la vuelta al mismo en donde corredores, patinadores y ciclistas echan el rol. Me aventé y fue una sensación indescriptible, iba en una pista hermosa, en un lugar hermoso y con mucha mejor velocidad que en plena calle. Luego de un rato iba yo muy cansado y decidí salir de Central Park y terminé en la calle 73. Pedaleé un poco más y entré al metro en la estación de la calle 76. Me fui en metro hasta la 135, de donde me bajé, volví a subirme a la bici y pedaleé 19 cuadras más hasta llegar a mi casa en la 154.

Pronto: Fotos.

Bicicleta en Manhattan (I)

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Hoy, Tom me llevó a la oficina la bicicleta que me vendió su vecino (o que aún le tengo que pagar, mejor dicho). Desde hace ya varias semanas (o meses) había tenido el gusanito de echarme a andar en bicicleta en la ciudad y de paso, conocer los alrededor del depa. Estuvo estacionada en la oficina todo el día hasta que fue hora de salir. Raquel me dejó a mi suerte, se fue en metro y yo pretendía recorrer alrededor de 160 cuadras (desde Vandam St hasta la calle del depa, W 154th St).

Pues me subo a la bici. Fácilmente por primera vez en diez años (acaso me habré subido tantito a alguna pero nada serio y esta bici es grande -no sé medidas pero pronto me informaré al respecto-). Me subí y fue algo fácil y difícil, retomar algo que me gustaba tanto de niño y ahora verme trepado con mis cerca de 115 kgs de puro rockandroll. Pegado al cuerpo llevaba mi mochila "de lado" con mi laptop, libros, lentes y demás cosas. Me despedí de mi doncella y tomé la 6ta Avenida.

Al principio fue toda una experiencia, adaptándome a la bici, equilibrando mi dulce cuerpecito y evitando que la bolsa me fuera a sacar de equilibro, intentando volteando a ver los coches. Los taxistas en esta ciudad son aún peores, creo, que en la Ciudad de México.

Iba yo a gusto, cuidándome de los semáforos, de los coches, de los taxis, viendo a la gente pasar cuando, pasando como la 11va ó 12va vi que había un camión descargando como equipos de sonido y habían puesto conos fosforescentes para avisar a los automovilistas que tuvieran cuidado, total que entre eso y los coches y la manga del muerto, un pedazo de mis holgados pantalones se traba con la estrella de la cadena, intento frenar, bajar un pie, oigo la tela de mi pantalón rasgándose, estúpidamente y en pánico ya agarro ambas manijas de los frenos y las presiono haciendo que la llanta de adelante quede completamente inmóvil. En ese momento vi pasar muchas cosas por mi cabeza, yo iba girando muy lentamente, la llanta delantera de la bicicleta permanecía inmóvil y de plano me voy completamente de frente, dando casi una vuelta completa, apoyándome un poco sobre la rodilla dejo caer el cuerpo al pavimento y termino en el suelo del segundo carril de extrema derecha completamente acostado y resintiéndome de dolor. Afortunadamente el lado donde traía la bolsa de la laptop no era con el que caí. Me quedo ahí tendido por aproximadamente dos segundos y medio, aún atontado. Me incorporo, veo que el sillín de la bici se enchuecó y el manubrio se movió algunos centímetros. Aún me duele un poco el tórax. A pesar que había gente a mi alrededor que vieron la escena completa del pobre estúpido regordete trabándose y yendo a dar el suelo con media voltereta, nadie se ofrece a ayudarme. Ya ganando un poco de aliento y recuperándome, hago el recuento de los daños, busco a ver si no tiré mi celular, mi cartera o algo importante. Finalmente uno de los tipos del camión, luego de cruzar miradas un instante, me pregunta:

- Are you OK?

- Simón, sí -le contesto en inglés. ¿Qué más le puedo contestar?

Total que me recuperé, me subí los pantalones a las rodillas y continué mi camino, un poco malherido.

Cambio de clima

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Vinimos a pasar unos días a la Ciudad de México. Encontramos un vuelo que salía a las 2:30 AM del aeropuerto Kennedy y llegaba al Benito Juárez a las 5:45 AM. No estaba tan mal, nos permite estar todo el día anterior en Nueva York y empezar el día tempranito en México. Lo primero que nos damos cuenta al bajarnos del avión y entrar a las áreas sin aire acondicionado es que incluso a las cinco y media de la mañana hace calorcito, acostumbrados a las bajas (no tan bajas, pero igual) temperaturas de la Gran Manzana.

El aeropuerto está mayormente vacío, lo cual es bastante bueno, las filas de inmigración están vacías y pasamos inmediatamente con uno de los inspectores.

- ¿Quiúbole mano? -le saludo. El maestre me contesta el saludo con un gesto.

- ¿Vienen del vuelo 1 de Mexicana? -Vinimos en el vuelo MX1, ¿qué onda con eso? "Hola, bienvenidos al vuelo 1". Le contesto que sí.

- Pues como que sí se siente un poco de calorcito -me dice Raquel.

- Simón -le contesto.

El maestre se inmiscuye en la conversación.

- Puuuuuuuutsssschñññeeeeeeeeeeeeiiiiiiiiiiiiyyyy -gruñe-, está haciendo un calor bien infernal.

- Cámara con el compa -pienso-, ah órale -digo.

- Sí, pareciera uno que está en Guerrero o en un estado así -se queja, estampa los pasaportes y nos dá la bienvenida, paisanos.



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Historias de Nueva York

Latinos, hindús, negros, asiáticos, blancos, árabes: En Nueva York convive un enorme ecosistema de culturas y personas. Este blog simplemente cuenta algunas de las historias que tienen lugar alrededor de la cotidianidad urbana de esta Gran Manzana.

Escrito por David Moreno, mexicano y curioso.

Posible gracias a Axiombox.

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