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Dying dogs

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Su simpático anfitrión meditaba sobre el futuro y los frijoles saltarines viendo el acontecer urbano desde la ventana de la oficina. En realidad no hay mucho que ver porque enfrente hay un edificio enorme de UPS y en la calle no hay mas que un mai con su carrito vendiendo halash-kalab y jugo de cangrejo, pero igual meditaba.

Dentro de las profundas meditaciones en las que el regordete personaje estaba inmiscuido, surgió una duda existencial que tuvo a bien exteriorizar a su buen amigo Chris Lee, que estaba sentado justo al lado de él:

- Socio -pésima traducción para el divertido dude-, ¿por qué chingados no hay perros en la calle? -le pregunto en inglés, con una sincera ignorancia infantil.

De verdad no hay perros, ninguno. En nuestros polvosos países latinoamericanos las calles de las ciudades están llenas de perros moribundos, focos ambulantes de infección a cuatro patas, y en ciertos casos, materia prima de las ricas tortas de pierna maquiladas afuera de las estaciones del metro que tanto le gustan a mis buenos compas, como el Wadita.

- What the hell? -me contesta extrañado. -What are you talking about?

Entonces me voy dando cuenta de mi completa ignorancia en muchas cosas de la vida. Medito unos instantes. Se me ocurre una idea. Medito otros instantes. Termino de meditar. Medito un poco más.

- Yeah dude, you know, down there in my country, sick and stinky dying dogs walk around the streets looking for food or barking asking, for the Lord's sake, to get hit by a car, for their painfully life to end.

Mi buen amigo asiático-americano me ve con una cara de terrible repugnancia, desconcierto y asombro.

- Sí -continúo en inglés-, y aquí no he visto ni un puto perro en la calle.

- Dude, that's because we have animal control.

Y de repente, todo tuvo sentido.

Como previamente he dejado asentado, de lo único que estoy seguro es de ser escéptico y porque a mí no me chamaquean tan fácil, le pregunto:

- ¿Pero eso es sólo en Nueva York o en todo Estados Unidos?

- Creo que en todos lados, hombre -me contesta con cara cariñosa de «eres un pobre tercermundista».

Mi amigo medita un poco. Yo intento volver a mis inútiles meditaciones.

- So, are you telling me that dying dogs walk all around in the streets in Mexico?

- Pretty much, dude.

- Man, that's gross.

Asiento. Meditamos un poco más, cruzamos miradas divertidas.

- Y hay un mito urbano que dicta que los finos taqueros de la calle toman esos perros y los hacen tacos con cebolla y cilantro.

- Dude, that's disgusting! -me dice con un asco tan sincero y tan real que por un momento me dió pena contar tales cosas sobre mi amado país.

Pasamos un rato pensando viendo a la nada.

- Dude, Koreans eat dogs -me dice, recordando su ascedencia-, we eat them on soups.

- Oh, my.

Are you?

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Hay un nuevo compañero de trabajo en la oficina. Es búlgaro. Tiene un marcadísimo acento ruso y rara vez ríe aunque no es tan duro como esta pequeña descripción pueda hacerlo parecer. Aparentemente es una de esas mentes maestras del este de Europa que sólo startups neoyorkinos encuentran azarosamente en las bolsas de trabajo para inmigrantes en Queens.

Estaba platicando con él sobre cómo subversion apesta, sobre cómo él sólo usa lo mejor de lo mejor, y lo mejor de lo mejor es git. Como de lo único que estoy seguro en la vida es de ser escéptico, últimamente estoy probando muchas cosas y ya no me pica tanto el alma que alguien diga que algo apesta nomás porque sí. Doy y le di el beneficio de la duda.

- Ah, órale, no pues Git sí debe estar muy chido. - le digo con mi tropezado inglés.
- Sí, no sé cómo pueden seguir usando subversion - me dice con su tropezado inglés.

Regresé a mi compu a seguir trabajando con mi pésimo subversion. En realidad nadie nos había presentado, eso pasa en empresas pequeñas como éstas que lo único que ven es dinero, cómo hacer más dinero, y gastar dinero para ser comprada lo más pronto posible.

- Excuse me - me dice - Are you Raquel? Raquel Hernández?

Chaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaale. Hago una mueca, no sé si está bromeando o me está hablando en serio, frunco el ceño, sonrío, suelto una risita nerviosa. Él no. Sí hablaba en serio: En realidad creía que yo era mi chava.

- Ah, haha, she, over there, is Raquel; I'm David. - le digo entre miradas cómplices entre los otros en la oficina.

- Ah, okay, sorry - me dice serio y regresa a su compu.

¿De plano luzco como Raquel? No creo. ¿Será que en Bulgaria nadie sabe nada sobre las Raqueles? ¿O sobre Rachels? ¡¿O sobre el sentido común de confundir a un cabrón con el nombre de su mujer?!

Qué cosas.

Este simpático personaje a veces intenta llegar temprano a la oficina. Temprano es antes de las 9 de la mañana, para así no tener pretexto e irnos a las 6 de la tarde (aunque ésto último casi nunca pasa).

Uno de estos últimos días llegué a la oficina y saliendo del elevador en el piso de la oficina estaba un mai repartidor, un wadita cualquiera, con una bolsa de papel en la mano y una nota en la otra. Como era temprano, no había nadie en la recepción y al verme me abordó e intentó preguntarme dónde podía encontrar a la persona que había pedido tal orden. Sin embargo, mugió sólo unas cuantas cosas inentendibles (no creo que le haya pasado por la cabeza que hablo español) y señaló el nombre de la persona escrito en el papel. Como no conozco a muchas otras personas en la misma oficina, le dije:

- No pues aguanta ahí, igual y ahorita salen a buscarte. - Me gusta hablar en español con los mais.

No es raro que los repartidores, principalmente chinos o mexicanos o en menor medida, negros, no sepan qué chingados al llegar al piso de la oficina. Por eso, quien pide algo se va a dar sus vueltas a la recepción para ver si encuentra a un mai norteado con un paquete en las manos.

- ¡Gracias! - Se le iluminó un poco el rostro, gustoso de que alguien le indicara algo para no tener que lidiar más hablando con gente.

- God gave you the gift of talking with the delivery guys, it is awesome! - Me dijo entusiasmado un compañero de trabajo que había presenciado todo desde otro lado, un compañero que también es un mai, pero un mai en una muy diferente circunstancia.




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March 2008: Archivos mensuales

Historias de Nueva York

Latinos, hindús, negros, asiáticos, blancos, árabes: En Nueva York convive un enorme ecosistema de culturas y personas. Este blog simplemente cuenta algunas de las historias que tienen lugar alrededor de la cotidianidad urbana de esta Gran Manzana.

Escrito por David Moreno, mexicano y curioso.

Posible gracias a Axiombox.

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