Griselda llegó a Estados Unidos hace veinticuatro años proveniente de Portoviejo, una pequeña ciudad al oeste de Ecuador huyendo de la pobreza y de un esposo violento que sólo la maltrataba a consecuencia del alcohol. A su lado, traía a su hija Estela, de escasos dos años de edad y que también había padecido el infierno de la vida de su padre durante su cortísima existencia. Llegaron a México al borde de la miseria. Griselda trabajó unos cuantos meses como mesera de una cantina en Zacatecas hasta que tuvo suficiente dinero para pagar a un pollero para que la pasara a Nuevo México a través del desierto de Sonora. Dos semanas después, Griselda y su hija, desnutridas y exhaustas, viajaban en un autobús de pasajeros con rumbo a Kansas City en donde se encontraría con una tía relacionada con ella de una forma muy desafortunada.
La tía, que no quería problemas de familiares incómodos, mandó a Griselda y a su hija con una prima que vivía en Nueva Jersey. Días después, la prima de la tía, que se llamaba Rosalinda y trabajaba como prostituta, las recibió y ofreció su pequeña casa para que estuvieran un tiempo mientras se establecían.
Griselda crió a su hija escondida de la ley, temiendo ser deportada. Su hija no tuvo muchos problemas convirtiéndose en residente permanente y luego de varios años de espera, ciudadana norteamericana. Griselda nunca se casó, nunca se juntó con ningún otro hombre, sólo trabajó para sacar adelante a su hija.
Ayer, Griselda murió de complicaciones en el corazón. Estela, una mujer de veintidós años la enterró en un panteón alejado de Jersey City y le lloró durante una semana. Estela, diseñadora de modas, tiene un pequeño portaretratos con la foto de su madre donde la carga en brazos, años atrás en el Ecuador. La casa de Estela, donde Griselda vivió los últimos diez años de su vida tiene un letrero de "FOR SALE" porque Estela siempre tuvo el sueño de ser actriz de Broadway.
La tía, que no quería problemas de familiares incómodos, mandó a Griselda y a su hija con una prima que vivía en Nueva Jersey. Días después, la prima de la tía, que se llamaba Rosalinda y trabajaba como prostituta, las recibió y ofreció su pequeña casa para que estuvieran un tiempo mientras se establecían.
Griselda crió a su hija escondida de la ley, temiendo ser deportada. Su hija no tuvo muchos problemas convirtiéndose en residente permanente y luego de varios años de espera, ciudadana norteamericana. Griselda nunca se casó, nunca se juntó con ningún otro hombre, sólo trabajó para sacar adelante a su hija.
Ayer, Griselda murió de complicaciones en el corazón. Estela, una mujer de veintidós años la enterró en un panteón alejado de Jersey City y le lloró durante una semana. Estela, diseñadora de modas, tiene un pequeño portaretratos con la foto de su madre donde la carga en brazos, años atrás en el Ecuador. La casa de Estela, donde Griselda vivió los últimos diez años de su vida tiene un letrero de "FOR SALE" porque Estela siempre tuvo el sueño de ser actriz de Broadway.


